lunes, 22 de junio de 2015

Seis, menos dos, son cuatro.

Hará más de un año ya que hablamos por primera vez,
recuerdo perfectamente que no dormí aquella noche
por culpa de un completo desconocido.
"Los bebés son malas personitas", decía.
Para malas personitas, los enanitos que tengo en el pecho bailando cada vez que le veo.
Y es que tiene los ojos más bonitos que vayas a ver en tu puta vida,
cómo no se me van a volver locos dentro,
si me vuelvo loca yo cada vez que me mira.
Su cuerpo, una constelación entera,
con dos estrellas por lunares en la mejilla izquierda,
en los que me quedaría a vivir si pudiera.
Y sino, de okupa en sus labios,
antisistema emocional,
con sede en su cora.
Sus manos, mis salva vidas,
caricia tras caricia,
sujetándome cuando mi equilibrio expira,
y es que parece que todavía no se ha enterado de 
que me tiemblan las piernas cada vez que me mira.
Que tiene a la mismísima estrella polar en el cuello,
y es por ella que siempre encuentro el norte hacia sus labios,
aunque me sepa el camino de memoria.
Mi hogar, sus dedos bailando en mi espalda,
lo mismo cuando juguetea con ellos bajo mi falda.
Qué más da el ritmo, 
contratiempo,
dos por cuarto
nada importa,
si me t
        o
          c
            a.
Verás, que dormir entre sus brazos es otra movida.
Que Madrid no ha estado nunca tan bonita desde que él la pisa.
Que se me para el puto mundo cada vez que me roba una sonrisa.
Mi canción favorita, la de sus labios susurrándome te quiero sin prisas.
Que sí, que me tiene robado el puto corazón.
Que el sonido más bonito que existe, es el de su voz.
Y ojalá poder despertarme escuchándola cada mañana, 
teniendo nuestra tercera guerra mundial privada bajo las sábanas.
Y qué van a decirnos a nosotros sobre el amor, 
que del amor al odio hay un paso, sí,
pero se nos da mejor llevar la contraria, 
y enseñarles que del odio al amor hay un perdón,
y que nosotros sabemos perdonarnos con más ganas que nadie.  

#JoannaRoze

No hay comentarios:

Publicar un comentario