lunes, 21 de mayo de 2012

Soy de esas personas..

De esas personas que piensan que hay una banda sonora para todo, el ignorarla se ha convertido en costumbre. No ha de ser música en si misma, cada uno tiene un sonido interior, y tanto por el oído como por la recepción de vibraciones, se siente. El corazón tiene su propia sonata, cada uno tiene una diferente. Y no sólo el corazón es el protagonista, llegó el momento de analizar nuestros sonidos, nuestras vibraciones, nuestro todo.
Cada estado de ánimo va acompañado o perseguido por una melodía interior, el exteriorizarlo es otra opción, puedes hacerlo transformando ésta en notas, creando así una melodía única, o a base de ritmos,  ¿Quién no ha dado golpecitos alocados con las yemas de los dedos sobre el pantalón alguna vez? y como esto, miles de formas más.. Formas que nunca lleguemos a utilizar, ni conocer siquiera, no son nuestras formas.
El mundo cada vez es más ruidoso, quedan pocas personas que sepan escuchar y ver la música donde no todo el mundo es capaz. Escuchar el caminar cansado de una persona anciana, el roce de las hojas a causa de un soplo de aire travieso, una maravillosa guitarra o el 'chisporroteo' del café recién hecho, son melodías tan habituales que apenas somos capaces de prestarlas atención, y son tan importantes como cualquier Nocturna de Chopin; nos hacen sentir vivos y pertenecer a un todo. El observarnos en tercera persona, poder vernos como nos ven los demás, escucharnos como nos escuchan los demás o comprobar si somos como realmente pensamos o queremos, siempre ha sido uno de los muchos deseos individuales del hombre, y para ello deberíamos analizar nuestra musicalidad, éste término no abarca, bajo mi punto de vista, el saber o no producir música de cualquiera de las maneras, éste término es sinónimo de felicidad, nuestra musicalidad es la cantidad de música que se encuentra en nuestro interior, acordes solitarios, ritmos perdidos, canciones a medio acabar.. Pueden ser acordes traducidos a una felicidad amarga, o directamente rabias y lágrimas contenidas, ¿Y qué? Eso también forma parte de una felicidad que nos hace sentir vivos, saber quién somos. Nos hace SER.


Por dicha regla de tres la música es un sentimiento individual que a la vez forma parte de un todo.
Un sentimiento mudo, o en su defecto sordo, no es sentimiento, por lo tanto ha de estar acompañado de una melodía libre, la culpable del poder darle sentido a tales verbos como: 'sentir', 'vivir', 'morir'.. Y de nuevo; SER.

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